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Cantemos una nana al viento, me decía mi abuelita antes de acostarme, para que cruce los mares y llegue a los hogares de aquellos que, huérfanos de mente, conserven, al menos, un alma en calma.
Aquél, cuya morada se encuentra allende los mares, y se erige en mando por auto proclamación, sufre, por falta de civilizada convivencia, y demanda, cuando no ordena, quién entra y quién sale. ¡ Ay , pobre mísero, que el mundo no vio ¡. Tanta era el agua que tenía que beber que malgastó su tiempo en intentar achicarla sin saber, ¡ pobre ignorante ¡ que el océano nace en los pies y va más allá de donde su vista alcanza.
Las cosas del poder son, como algunas mentes, retorcidas y traicioneras, por eso, como algunas mentes, se produce su caída precipitadamente quedándose sin su más alta protección, que al perderlas, se encuentran desnudos de los pies a la cabeza.
Vaya, con esta nuestra nana, un soplo de aire purificador, para que aquél, cuya morada se encuentra allende los mares, duerma en paz sabiendo que en este lado, cuando cantamos nanas, las repartimos con equidad y justicia porque sabemos que todos somos uno y nadie es más que uno.
Quien quiera poner candados a la libertad encuentre en ella su máxima esclavitud.
Cantemos una nana al viento, me decía mi abuelita antes de acostarme, para que cruce los mares y llegue a los hogares de aquellos que, huérfanos de mente, conserven, al menos, un alma en calma.
Jon.
_________________ Cuantos más hombres he visto, diferentes por el clima, las costumbres, la lengua, el culto y la medida de su inteligencia, más he observado que todos tienen el mismo fondo de moral; todos tienen una tosca noción de lo justo y lo injusto, sin saber una palabra de teología. Voltaire.
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