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Estoy totalmente en desacuerdo contigo paladin, y te argumentaré porqué.
A lo que tu te refieres, o eso he entendido, es al mal uso del ordenador en el cine, y que tiene como único objetivo que el de obtener más y más efectos especiales. Si te referias a eso estoy de acuerdo, me parece que se abusa y ya es un tanto aburrido verlo.
Pero permíteme una observación, compañero. Quizás algunas de las películas que se estrenan tienen otro tipo de efectos creados por ordenador, pero que no son tan evidentes como los que mencionas. Estos "efectos" permiten recrear paisajes que ya no existen, París del siglo XIX, la antigua Roma...
El arte de todo esto es que no se note que están creados por ordenador, que se cree esa ilusión en la mente del espectador y que hace ver que todo parece real. Eso no seria posible hoy en dia sin un ordenador.
Te doy un ejemplo. Una película, de cuyo nombre no quiero acordarme, tenía una escena parisina ambientada en el año 1914. Dicha escena constaba de una calle a rebosar de coches, autobuses, carros y personas, seguida de un travelling hacia el cartel de una tienda. Te puedo contar que la escena fue rodada en tres partes, en cada una de ellas los extras hacían un recorrido distinto, y un mozo les comentaba: "Por aqui no paséis, hay una farola, o un muro". El cartel tampoco era real, estaba generado por ordenador y tenia un movimiento pendular. Te puedo asegurar, que cuando ves la escena no identificas para nada una recreación por ordenador. Pero en realidad hay tres tomas, y varios elementos generados que en realidad no existen.
Quizás es que me gusta mucho el realismo, o el cine independiente, o bien las dos cosas. Pero en cine de Hollywood no creo que encuentres mucho de lo que te estoy hablando.
_________________ Ojalá hubiera personas malvadas en alguna parte cometiendo insidiosas acciones malvadas y solo fuera necesario separarlas del resto de nosotros y destruirlas. Pero la línea que divide el bien del mal atraviesa el corazón de cada ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un trazo de su propio corazón?
- Aleksandr Solzhenitsyn, siglo XXI
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