Mientras la
page andaba perdida por el
ciberespacio he empezado algunos juegos y he jugado entero el ...Y no quedó ninguno.
Con respecto al ...Y no quedó ninguno, a pesar de que tiene algunos aspectos que se podían haber mejorado, y un fallo garrafal de traducción para la consecución de la aventura, a mí me ha gustado.
Es una AG clásica en su desarrollo, en la que hay que hablar con todos los personajes hasta haber agotado los temas a tratar, mirar bien por todos los rincones y no pensar, en ningún caso, que por haber hecho alguna cosa en algún lugar ya no tenemos que volver a insistir allí.
Iremos coleccionando cosas en el inventario. Algunas no nos servirán para nada, pero la mayoría sí. Se pueden combinar con otras cosas o personas de los escenarios, o bien entre sí. Algunas de ellas no nos funcionarán, o aparecerán, hasta que las necesitemos.
La aventura a mi me ha resultado bastante larga y entretenida. La dificultat tiene altibajos. En algunos casos se ve muy clara la solución, pero en otros te puedes llegar a encontrar perdido.
En cuanto a los fallos, en algunos lugares no aparecen los puntos calientes y puede llegar a costar mucho darse cuenta dónde hay que interactuar.
Algunos puzzles son bastante lógicos, pero también encontré alguno (puede que por mi desconocimiento de los gustos alimenticios de la especie lanar)

al que no le encontré ningún sentido.
Encontré a faltar un mapa para poder desplazarme por la isla, ya que aunque el personaje, por suerte, puede correr, hay que hacer muchos desplazamientos buscando qué hacer y aburre un poco.
La música es más bien monótona, pero muy pegadiza. Me pasé un día entero con la tonada metida en la cabeza.
Cómo he comentado antes, existe un grave fallo de traducción, o de falta de ella, que dificulta, o casi imposibilita el avance si no se sabe inglés o no se dispone de una guía.
Como resultado de todo lo comentado, le resto 1 punto por el último error comentado, y puede que debiera restarle más.
Mi nota total para el juego es de 7,5 puntos.
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Toda idea nueva pasa inevitablemente por tres fases: primero es ridícula, después es peligrosa y después... ¡todos la sabían!
Henry George