La actualidad aventurera, congregada especialmente en torno al E3 de Los Ángeles, nos ha obligado a retrasar la cita mensual con las encuestas, si bien la pertinente consulta de junio se encuentra activa desde el día 1. Para este mes hemos escogido el anuncio de Tales of Monkey Island como tema central.
Dada por finalizada la encuesta que ha protagonizado nuestra portada durante el difunto mes de mayo basta un vistazo para comprobar que los resultados hablan por sí solos; en el sondeo del último impulso que lleva al jugador a decidirse por la compra de una aventura gráfica la opción ganadora no ha vacilado a lo largo del mes.
Sin duda, aspectos como el cuidado que ponga una distribuidora al hacer llegar a los potenciales clientes su producto, los buenos comentarios que el título haya podido recibir por parte de críticos solventes, o el nombre de sus creadores juegan un papel importante a la hora de enfrentarse a la decisión de compra de un título. Incluso el que el juego sea atractivo visualmente, cuente con puzzles que nos interesen o cualquier otra razón de índole similar. No obstante, el aventurero gráfico tiende a otorgar más valor a elementos que en otro tipo de ocio, incluso otros géneros, quedan relegados a un segundo plano y, si hay un elemento que hace que un jugador se incline a gastarse su paga mensual por ese título y no otro, -hablamos únicamente del género de la aventura gráfica- ése es el encargado de hacer de soporte de la aventura y mantener la atención del jugador, es decir, el argumento y todo lo que ello conlleva.
Son numerosas las ocasiones en que la aventura gráfica nos ha situado ante narraciones dignas de ser contadas en papel, historias que contarían por derecho propio con un hueco en cualquier librería. En definitiva auténticas creaciones que le otorgan a la aventura gráfica la calidez y profundidad que siempre ha tenido un género que a veces se ve ensombrecido por verdaderos despropósitos que intentan esconder su poca valía bajo un acabado gráfico correcto, adaptaciones para encajar en la clientela de la videoconsola de turno o la firma de un creador de renombre. Pero qué es lo que más se valora en una aventura gráfica es otra discusión.
Si bien aquí nos limitamos a aquéllo que supone el peso clave para la toma de la decisión final una vez que uno se ha planteado la adquisición de un título el resultado es esperanzador, pues es un indicador de que los cimientos de una buena historia no pierden importancia en el género. Si el argumento realmente supone el peso reflejado en la distribución de los votos las compañías no deberían obviar ese 53.2%, pero sin perder el equilibrio respecto a la otra mitad de los votos. Cierto es que una mayoría de los jugadores da más valor a la historia, pero también tienen que tener presente que hay otra mitad que ha repartido sus elecciones entre las críticas recibidas, el cuidado de la distribución, los creadores del título y otros elementos (tipo de puzzles, interfaz, dificultad asequible, aspecto gráfico...). Contentar a todos no es tarea trivial, y por ello a la hora de diseñar una aventura es necesario tener en cuenta lo que busca el público. |